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Por Reyna Ramírez / periodista

¿Cuántas veces has visto o escuchado a mujeres u hombres quejarse porque sus relaciones no funcionan del todo bien? Esto puede deberse, entre muchas otras razones, a la falta de una buena comunicación afectiva con su pareja.

Según los lingüistas, la comunicación es el aspecto más dinámico de la humanidad. Y si bien, está compuesto de signos, códigos y referentes obligados, existe una parte de la que pocos especialistas hablan: la comunicación afectiva.

La comunicación es la forma en que trasladamos información a otra persona. En las relaciones interpersonales y sexuales, muy pocas personas saben cómo comunicarse en forma correcta y muy pocos conocen la técnica o el arte de comunicarse íntimamente con los demás.

Es precisamente (según Masters y Johnson) la comunicación afectiva la que ayuda a vencer obstáculos como la timidez, falta de empatía, egoísmo, inseguridad o miedo a las relaciones de pareja, etc.

Los problemas de comunicación no sólo afectan la vida sentimental, también puede acarrear problemas a nivel mundial, catástrofes como las guerras.

La incomunicación surge cuando se desvirtúa el contenido del mensaje o porque surgen accidentes en el proceso de transmisión o simplemente, porque el mensaje no llega a su destino. Otro de los aspectos que pueden dañar la comunicación es que tal vez el destinatario no preste la debida atención o interprete de acuerdo a su conveniencia o no interprete bien el mensaje.

Veamos algunos casos de incomunicación en la pareja:


Estrella, 20 años
"La comunicación en la pareja es básica, es muy importante, porque después aparecen los malos entendidos, las sospechas por todo, los celos, la desconfianza. Creo que es importante la comunicación para aclarar las cosas o salir de dudas, es la única manera de llegar a conocer a tu pareja. Incomunicación es también cuando no dices las cosas completas, lo que piensas o lo que sientes".

Alejandra, 32 años
"Me apena reconocer que ése fue mi principal problema en mi antigua relación. Nunca le comuniqué al galán con quien salía, lo que yo pensaba ni lo que sentía, pues me considero muy reservada. Creo que tiene que ver con que no confío en los demás, sobre todo en los galanes. "¿Inseguridad, miedo? Tal vez, pero no me gusta sentirme vulnerable ante la otra persona, no me gusta que sepa exactamente qué siento y creo que esta situación hace que me pierda de relaciones maravillosas".

Transmitir con claridad

Para que la comunicación fluya de manera correcta, es necesario que el mensaje sea claro, concreto y no confuso. A continuación daremos algunos “tips” que ofrecen Masters y Johnson, para transmitir con claridad sentimientos o afectos y que sirven para la comunicación en general.

  • Ser claros en lo que se pretende decir: En ocasiones la gente dice cosas muy distintas a las que en realidad quiere decir porque no es capaz de expresar las palabras exactas. También es posible que se abstenga de decir la verdad completa para no dañar a la persona de su afecto, o porque no le gusta colocarse en situación incómoda o no quiere arriesgarse a sufrir un rechazo.

  • Emitir mensajes contradictorios: Esto ocurre cuando los ademanes y el tono de voz (o la expresión corporal) no coincide con el mensaje emitido o contradicen el mensaje dado. Algunos ejemplos de mensajes contradictorios son: Cuando un individuo manifiesta con énfasis: "no estoy alterado" pero lo hace con voz forzada o con gritos.

  • Falta de concreción: Hay afirmaciones (vagas) que desconciertan a la pareja y le siembran dudas: "Creo de veras que tendríamos que poner un poco más de espíritu romántico a nuestras vidas". Esto podría interpretarse como censura, o bien generar dudas (¿se sentirá bien conmigo? ¿será feliz conmigo?) En estos casos se requieren de expresiones más precisas: "Me encantaría que me leyeras algunos poemas de amor de vez en cuando para sentirme más romántica". Esto no da pie a ningún equívoco.

  • Reflexione, aclare y exponga sus prioridades: Intente no acumular tantas exigencias; reflexione bien sobre lo que quiere, cómo lo quiere y para qué lo quiere. Sea breve en las discusiones, pues las discusiones largas suelen producir confusión. Por otra parte, ser conciso no significa ser simplista o superficial. No reserve ni deje a un lado observaciones importantes sobre sus sentimientos.

  • No monologue ni lance críticas destructivas: Se recomienda no monologar con la pareja, sino permitir que responda y se comunique con usted. Al iniciar un diálogo, procure no lanzar críticas o imputaciones contra su pareja. No es recomendable comenzar una comunicación con tono negativo; esto hace que la otra parte se coloque a la defensiva y dificulta la objetividad.

  • Aprenda a confrontar: Si le cuesta decir cosas a la cara, intente hacerlo por escrito. Poner lo que piensa sobre papel demuestra que su interés es bastante intenso para tomarse el tiempo de exponer su opinión con cuidado. Si es necesario, haga que su compañero(a) repita sus palabras, para asegurarse de que ha sido bien interpretado(a) y para observar su reacción.

Comunicaciones no verbales

Hay aspectos que muy pocas veces son tomados en cuenta: el lenguaje no verbal. Éste puede traducirse en miradas, toques,  roces o acciones.

Muy frecuentemente, la comunicación no verbal dice más que la verbal, pero no la tomamos en cuenta. Hay especialistas que afirman que la suma total del contenido emotivo expresado en un mensaje oral viene reflejado así:

7 % por la percepción verbal; 38% por la entonación; 55% por la expresión en el rostro.

La postura y los ademanes (lenguaje corporal) son relevantes en la comunicación no verbal, en ocasiones repeliendo las insinuaciones y otras, requiriendo intimidad y comunicación emocional.

Se recomienda, recostarse en su pareja, para dar una sensación de calor humano y bienestar. Estar sentado a un lado de ella, con el cuerpo rígido, transmite una actitud de distancia o apartamiento.

Es importante saber que cuando existen incongruencias entre el lenguaje no verbal y el verbal, tiene más impacto los mensajes no verbalizados que las meras palabras. Hay que evitar este tipo de situaciones que llevan a posibles problemas.

Nada tiene de extraño que la comunicación no verbal se manifieste de manera especial en los contactos sexuales. Según la ocasión, denotan desagrado, resentimiento o placer. Por ejemplo, si el cuerpo de su compañero(a) se pone tenso cuando usted lo estimula, tiene motivos para pensar que algo no está saliendo bien o que no obtienen placer, al margen de las palabras que se digan.

Recuerde que muchas veces, los mensajes no verbales en el acto erótico y/o sexual, traducen sensaciones de placer, sentimientos de comunicación íntima, de ternura, etc. y sirven muchas veces para guiar a la pareja por lo que le gusta sin necesidad de las palabras. Tomar la mano de la pareja y guiarla de modo que sepa exactamente qué le gusta que le acaricien y en qué puntos, puede constituir un verdadero don en la intimidad sexual.

Fuente en www.sexualidadonline.com

   
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Por Belinda Hernández
Sexóloga educadora y periodista


¿Cuándo comenzar a educar sobre sexualidad? Ésa es la pregunta más frecuente de los padres y las madres de familia. Éstos no saben si deben esperar a que las primeras preguntas aparezcan, el inicio de la adolescencia o hasta cuando sus hijo(a)s formalicen un noviazgo.

Sin embargo, es importante decirles que la EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD generalmente empieza sola, en el hogar.

En casa, cuando se abraza y acaricia al recién nacido él o ella está aprendiendo a querer y a ser querido(a)s. Al reconocer sus emociones y las de las personas de su alrededor, ahí estamos iniciando la educación de la sexualidad con lo(a)s hijo(a)s, enseñándoles la importancia del afecto, en las relaciones interpersonales, la confianza en sí mismo(a)s y en lo(a)s demás.

La educación de la sexualidad inicia quizá sin darnos cuenta. Así que no hay que preocuparse en cuándo iniciar porque, con seguridad, mal o bien ya se comenzó a realizar. La educación y el aprendizaje son un proceso continuo durante toda la vida.

Lo importante es saber que la educación de la sexualidad no es solamente enseñarles a los niño(a)s a nombrar sus órganos sexuales y su funcionalidad, tampoco es aprender a utilizar los métodos anticonceptivos o saber cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual.

La educación de la sexualidad es mucho más que reproducción, relaciones cóitales o infecciones de transmisión sexual como el Sida. Es educar para que conozcan su cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los pies, conocer sus capacidades y sus potencialidades de sentir placer. Aprender a aceptarse y que acepten a lo(a)s demás como son. Educar es enseñar a expresar sentimientos y deseos para ser felices.

Educación formal e informal

Todos los días los niños y las niñas están expuest0(a)s a mensajes verbales o no verbales dentro y fuera de la familia; toda esa información los educa formal o informalmente. ¿Cuál es la diferencia? La educación formal se basa en conocimientos científicos, en el afecto, la aceptación y la expresión. La educación informal en prejuicios y mentiras.

Un gesto de desagrado, un manotazo para que no toquen sus órganos sexuales, un rostro avergonzado cuando preguntan, las series de televisión con “modelos” a seguir de cómo debe ser un hombre y una mujer, las revistas con material sexualmente explícito; todo lo anterior está educando, pero no de la mejor manera. Lo hacen informalmente. Sin embargo, al final todos esos mensajes dejan una idea a los y las niñas. Su denotación es que la sexualidad debe ser algo malo porque mamá y papá no desean hablar de ella; que ser mujer es gustarle a todos a través del cuerpo; que la masculinidad es ser fuerte y proveedor. Nada más erróneo.

Iniciar la educación


Como indicamos, la educación de la sexualidad se realiza inconscientemente, pero hay que hacer consciencia de que estamos educando con cada una de nuestras expresiones y en nuestras manos está hacerlo de una manera saludable. Ayudar a los y las niñas a aprender desde lo positivo. Que sepan disfrutar de la erótica “antes”, “durante” y “después”; no sólo es prevenir embarazos no deseados, es saber disfrutar de la decisión, de la relación interpersonal y de sus consecuencias afectivas.

Lo mejor es informarnos. No se requiere ser sexólogo(a) para brindar una educación adecuada a los niños y las niñas, sólo se requiere informarnos con material alejado de prejuicios, me refiero a buscar bibliografía científica, para que en cada etapa de lo(a)s niño(a)s podamos entender sus necesidades y darle respuestas a sus interrogantes, a su edad, con palabras sencillas y desde sus preguntas.

Sin saberlo, como mamá, papá, abuela, abuelo, tía, tío, maestro o maestra estamos educando. Todo(a)s somos “modelos”, nuestras expresiones y palabras son importantes. Ahora, de cada uno(a) depende qué tipo de educación queremos para nuestros hijo(a)s, sobrino(a)s, nieto(a)s y alumno(a)s. Una tarea de educación de todo(a)s.

Fuente en www.sexualidadonline.com

   
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Por Gloria Marsellach
www.psicoactiva.com


"No entres fácilmente en la noche callada, que la vejez debería delirar y arder al final del día: oponte, oponte furioso a la luz que se extingue".
Dylan Thomas

Pocas personas llegan a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen, probablemente tengan una vida más feliz.

La muerte es un escalón desconocido en nuestra existencia y sólo aquellos que hallan pasado por una experiencia al borde de la muerte poseen conocimiento para saber que el sentimiento que acompaña a la muerte es confortable. Las experiencias vividas por estas personas que, en algún momento, estuvieron cerca de perecer coinciden en una sensación agradable.

Unas horas antes de iniciar este escrito vi la película "Más allá de los sueños". En ella, la protagonista refiere la muerte como algo que no puede ser malo porque por algo todos vamos a pasar por el mismo sitio. Es así de sencillo, pero la incertidumbre del cuándo y el cómo, por no decir el temor al qué pasará después, hace que la mayoría de los humanos incorpore un sentimiento de miedo al referirse a ella.

En otra película que vi hace ya unos días, "¿Conoces a Joe Black?", la muerte se disfraza de guapo galán y concede tiempo a su víctima para terminar su vida dejando todos los cabos atados. Cuando finalmente cree ya poder morir, le pregunta a la muerte, ¿tengo que tener miedo? Y ella (o él por ser varón) le contesta: "En absoluto".

El miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos actos no los realizamos pensando en el peligro que comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos porque no entendemos con qué medida se toma la gran decisión de despojarnos de nuestra vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos media vida invocando el perdón de un Dios o resolviendo antiguas culpas para así disponer de la concesión de más tiempo. Pero, ¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo agotado siga viviendo esta realidad.

Nuestro principal problema es que todavía no hemos asimilado la idea de que tan sólo es nuestro caparazón el que muere, es decir, el cuerpo o forma que adquirimos al presentarnos a los demás mortales. Nosotros somos una mente consciente habitando un cuerpo y por ello hemos de entender que aunque el cuerpo se extinga con el proceso de la muerte, la mente que lo habitaba sigue su camino en la eternidad del Universo.

El Bhagavad Gita (maestro espiritual santo) habla de la vida con estas palabras:
"Así como un hombre abandona las ropas gastadas y adquiere otras nuevas, cuando el cuerpo está gastado el Yo que vive en su interior adquiere otro nuevo".

La ansiedad que sentimos a lo largo de nuestra existencia física en torno a esa experiencia, tiene que ver con la falsa creencia de que somos eso que vemos reflejado en un espejo y, "eso" se lastima, se hiere, se arruga y desaparece vitalmente.

Cada humano tendrá una filosofía de la vida distinta, con sus creencias y sus religiones y con ello no pienso mostrarme sabedora de la verdad porque, entre otras cosas, no lo soy, pero sí quiero apuntar a vuestro interior porque su fomento crea seguridad y confianza y consecuentemente, una vida más indolora.
Seguro que llegados a este punto muchos de vosotros os habéis formado una imagen un tanto fría de mis emociones, pero el verdadero afecto no consiste en llorar el proceso de la muerte, sino en ingeniárselas para salir de la pena.

Ese sentimiento que nos acosa ante la muerte de un ser querido es lo que llamamos "duelo". Cuando una persona amada muere nos sentimos, en un primer momento perdidos, tratados injustamente, por haber sido arrancados bruscamente de su lado. Rechazamos la dolorosa realidad como si de una pesadilla se tratase y al despertar nuestro amado volviera a estar vivo. Ese proceso es nuestro mecanismo de defensa para que el Yo que habitamos no sufra tanto. Pensamos mil formas distintas de negarlo, recorriendo mentalmente el pasado. Pero en este proceso de dolor y duelo llegamos a un reconocimiento de la dolorosa realidad que evoluciona hacia la propia reinserción en la vida que vivimos, manteniendo en nuestra mente su recuerdo pero avanzando en la reconstrucción de nuestra propia existencia.

El duelo es un proceso necesario y natural para sanar nuestra mente y se utiliza siempre que perdemos algo o alguien querido. Es necesario que comprendamos y aceptemos nuestros sentimientos con respecto a la muerte, que incorporemos la creencia de que es un proceso natural en una vida y que su significado tiene que ver más con renovación e inicio que con final o castigo. Es un proceso natural que nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo en tu interior que así te lo dice y que llamamos alma, aquella que se alberga en tu cuerpo físico y que es invisible y adimensional. Este pensamiento proporcionará seguridad y mantendrá alejado el miedo a esa misteriosa experiencia.

La actitud que tengamos hacia la muerte depende mucho de nuestro entorno tanto cultural como familiar. Nuestras convicciones las hemos heredado o aprendido de aquello que oímos y es, al madurar y hacernos adultos, cuando a menudo cuestionamos esas creencias tan instaladas en nuestro ser.

Recuerdo que en el seno de mi familia la muerte siempre ha sido considerada tema tabú. Nuestros progenitores querían que tanto mi hermana como yo creciéramos alejadas de su vivencia y nos protegieron de todo peligro. Algo así como aquello que suelen decir de "estar envueltas en suaves nubes de algodón". Por suerte o por desgracia, mi primera experiencia cercana con la muerte fue el fallecimiento de una profesora que apreciaba mucho cuando yo contaba con 8 años de edad. La impresión que causó en mí su cuerpo inerte y amoratado me marcó en los años siguientes. No entendía ese proceso porque sólo conocía lo que mi educación religiosa me había enseñado y en ella había demasiadas contradicciones.

Crecí con temor y el paso a la madurez me ha hecho empezar a querer entenderla, incorporándola en mi visión de la vida. He comprendido que en el pensamiento se alberga la clave para una mente sana, e intento a lo largo de mi vida, incorporar pensamientos positivos que me ayuden a evitar frustraciones o malestares.

Frente a cualquier situación lo peor que puede pasar es la propia muerte y ello es un hecho totalmente natural, con lo cual son innecesarias emociones tales como ansiedad o depresión.

Se ha estudiado mucho el tema de la muerte en las diferentes civilizaciones que forman parte de nuestro Universo porque el tema supone una incógnita para el ser humano. Muchas han coincidido en hablar de la muerte súbita a causa de la indefensión o desesperanza del ser humano. Seligman fue la persona que más datos escribió sobre el tema, observándolo tanto en humanos como en animales.

Parece ser que cuando los humanos o los animales se dan cuenta de que sus acciones pierden eficacia, de que ya no existe esperanza, se vuelven más susceptibles al proceso denominado Muerte. Perdemos el control sobre los acontecimientos y ello nos conduce a perecer. Algunas situaciones que han generado lo que denominamos indefensión son: reacción depresiva por una pérdida muy cercana como la muerte de una madre, situaciones incontrolables como campos de concentración después de una guerra, la aflicción, etc…

Los pasos que se repiten en la indefensión son: pérdida del control, depresión, desesperanza y muerte inesperada. Es algo así como un suicidio pero sin apretar el gatillo o llevar a cabo cualquier acción para lograrlo. Es como un abandonarse a la espera de la muerte.

Para cerrar esta reflexión me gustaría citar un caso de indefensión en animales, concretamente en un cachorro de macaco, estudiado por el Dr. I. Charles Kaufman que puede encontrarse literalmente en el libro referenciado de Seligman (pág.243-244):

"La primera muerte se produjo en uno de los cachorros que antes había nacido, con una edad de cinco meses y siete días. Murió al noveno día de ser separado de su madre. La autopsia no reveló ninguna patología que pudiera explicar su muerte. El cachorro manifestó un cuadro de agitación primero y depresión después, una brusca disminución en su juego y un aislamiento de los demás animales, acabando por morir repentinamente."

© Gloria Marsellach Umbert - Psicóloga

   
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